José Martínez Ahumada, más conocido en el mundo del toreo como «Limeño» ha fallecido en la mañana de hoy viernes tras venir atravesando por una larga enfermedad. Pepe Limeño nació en Sanlùcar de Barrameda hace 79 años y ha llegado a considerarse como una de las figuras más importantes de los diestros del sur de España en su época.

Llegó a conseguir la Oreja de Oro en Sevilla como premio a muchas tardes que abrió la puerta del Príncipe de la Real Maestranza de Sevilla. Limeño fue conocido entre otras cosas por l14504374841034a cantidad de veces que lidió astados del hierro de Miura y que gracias a esta ganadería y a su enorme toreo fue lo que lo catapultó como una gran figura del toreo. Exquisito toreo de aficiones toreristas y con un sello de toreo caro y estilista, era considerado como el rey del estatuario, pases por alto de recibo en el inicio de la faena de muleta, que desde el mítico Manuel Rodríguez Manolete nadie lo igualó. El Maestro Limeño nació en el seno de una familia aficionada al mundo de los toros. Su padre Juan Martínez «Chocolate» y su madre Concha Ahumada fuero los mejores instructores del torero desde pequeño hasta que de muy joven pasó a las manos del gran Miguel López «Ventorrillo». En esa escuela se forjó como torero y tuvo incluso al maestro del Ventorrillo dentro de su cuadrilla para estar siguiendo los pasos de Limeño cuando éste empezaba a tener buenas maneras.

Sus hermanos incluso se vistieron de luces, entre ellos Juan Luis, El Nono, Miguel Ángel o Manolete.

Una trayectoria intachable, que culminó con una retirada en su momento. El maestro Limeño se vistió por última vez de luces en el coso de Sanlúcar pero no fue precisamente en un cartel y con público, lo hizo para formar parte del reparto en la película Sangre en el Ruedo. A partir de ahí se retiró definitivamente y se involucró en su actividad como empresario de algunas plazas de toros durante la época gloriosa del también matador de toros sanluqueño Paco Ojeda. En aquella ocasión, formaba parte de la gerencia tanto de Sanlúcar como de la Plaza de Toros del Puerto de Santa María con él, Francés Simón Casas y también con Roberto Espinosa y Enrique Patón.

Una vez retirado como empresario se dedicó como veedor de toros en el campo, oficio que realizaba junto al inseparable Manuel Morales «El Rabioso» y que consistía en seleccionar los mejores toros de las Ganaderías escogidas por la empresa a la que trabajaba para la temporada taurina.
Hoy nos dice adiós un gran hombre, un gran torero, alguien que sin duda ha escrito una gran página en el mundo de la Tauromaquia.

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