En la Comisaría Provincial lo tienen claro. Para terminar con el trapicheo hay que acabar con la mercancía y para ello hay que ir donde está. Hasta Sanlúcar se dirigen a diario decenas de camellos de toda la provincia en busca de la droga que normalmente llega desde Dos Hermanas para venderla aquí. «La oferta es 90 euros por quince papelinas y les regalan una más. Luego venden al consumidor cada dosis a 10 euros, ¿quién no puede permitirse ese precio?», se pregunta un policía. «Roban lo que sean: comida, pilas, ropa… y lo venden a vecinos o en la calle. Así consiguen el dinero para ir por su dosis». Y así, una y otra vez. Por eso el objetivo es claro:acabar con los distribuidores.

Las fuerzas de seguridad consideran que su trabajo tiene que continuar en los juzgados. De nada sirve cogerlos si después salen por la otra puerta. Por eso trabajan siempre con cautela para que no se les invaliden diligencias como las intervenciones telefónicas (un recurso muy habitual de las defensas)y siguen tirando del hilo para demostrar, si la ley se lo acaba permitiendo, que tras este tipo de asociaciones se esconde todo un mecanismo de blanqueo de dinero que endurecería las condenas y quitaría a estas bandas lo que realmente les importa:el dinero.

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